Cada Mundial tiene sus rituales. En Argentina puede ser una bandera colgada en el balcón, una cábala repetida durante semanas o una reunión familiar alrededor de la televisión. Para Isis Chustek, tucumana radicada en Suecia desde 2024, esta Copa del Mundo llegó acompañada de otros hábitos: despertadores de madrugada, videollamadas con su familia y mensajes que cruzan más de 12.000 kilómetros para sentirse un poco más cerca de casa. Mientras Lionel Messi y la Selección vuelven a ilusionar al país, ella sigue el torneo desde Estocolmo, una ciudad donde el fútbol también ocupa un lugar importante, aunque de una manera completamente distinta.
"Argentina respira fútbol. Está en todos lados, desde los equipos más chicos hasta los más grandes. Acá también hay pasión, pero es diferente. Es más estructurada, más sueca", resumió.
Un Mundial con videollamadas a Tucumán
La distancia aparece especialmente cuando juega Argentina. La diferencia horaria obliga a reorganizar horarios y rutinas. Algunos partidos significan acostarse tarde. Otros, levantarse cuando todavía es de noche en Suecia. "Trato de no vivirlo sola. En algunos partidos hicimos videollamadas con mi familia y los vimos juntos a la distancia", contó.
La tecnología se transformó en una especie de puente emocional entre Estocolmo y Tucumán. Los goles, las jugadas polémicas y las cargadas familiares llegan con algunos segundos de demora, pero llegan.
Isis admite que nunca fue una fanática extrema del fútbol. Sin embargo, el título conseguido por Argentina en Qatar 2022 la acercó mucho más al deporte. "Desde que ganamos el Mundial me enganché bastante más", reconoció.
La comunidad argentina en Suecia
Aunque está lejos del país, Isis encontró una comunidad que ayuda a combatir la nostalgia mundialista. En Estocolmo viven cientos de argentinos que suelen reunirse para seguir los partidos más importantes. Incluso la Embajada Argentina organizó encuentros para ver juntos algunos partidos de la Selección.
"Hay un ambiente muy familiar. Quizás no hay tantos argentinos jóvenes, pero sí muchas familias. Se genera algo muy lindo", explicó.
La comunidad latinoamericana también aporta color al Mundial. Chilenos, colombianos, mexicanos y migrantes de distintas partes del mundo comparten espacios y viven el torneo desde sus propias historias.
"Recuerdo una final de Copa América en la que éramos muy pocos argentinos y había muchísimos colombianos alentando. Ahí te das cuenta de la diversidad que hay acá", relató.
Del griterío al silencio en el fan fest
La imagen que mejor resume el Mundial sueco de estos días ocurrió durante la segunda fecha del Grupo F. Suecia llegaba con expectativas después de su debut y miles de personas se reunieron en el fan fest de Estocolmo para seguir el partido frente a Países Bajos. Al principio todo era optimismo. "Había mucha emoción, mucha gente alentando y expectativas bastante altas", recordó Isis.
Pero el desarrollo del partido cambió completamente el clima. La goleada neerlandesa por 5 a 1 fue apagando la fiesta poco a poco. "Después del tercer gol la gente empezó a irse. El lugar se fue vaciando y quedó mucho silencio", contó. La escena le permitió observar una diferencia cultural que se repite constantemente.
Mientras en Argentina una derrota suele vivirse con dramatismo, discusiones eternas y análisis apasionados, los suecos parecen procesar los golpes de otra manera. Hay tristeza. Hay decepción. Pero también una aceptación más rápida de lo ocurrido. Ahora toda la atención está puesta en el duelo frente a Japón, que definirá buena parte del futuro sueco en el torneo.
El sueco que tiene tres camisetas de Argentina
Si hay alguien que ayuda a Isis a entender cómo sienten el fútbol los suecos, ese es Alfons Fornari, su pareja. La historia de Alfons tiene un detalle que sorprende a cualquiera: posee tres camisetas de Argentina y ninguna de Suecia.
Su conexión con el fútbol argentino nació durante Qatar 2022. “Fue algo diferente. La gente realmente se anima a celebrar tanto a su país como al juego en sí. Eso me encanta. Incluso hay periodistas deportivos suecos que viajan a Argentina para intentar entrar a partidos de Boca y todos dicen exactamente lo mismo: es algo único. Hay que estar ahí para entenderlo”, contó.
Desde entonces empezó a seguir mucho más el fútbol y especialmente a la Selección. Según explicó, una de las diferencias más grandes entre ambos países tiene que ver con la manera de expresar las emociones.
"Los suecos somos muy pragmáticos", afirmó. Para él, Argentina juega como un equipo que funciona como una sola unidad. Y esa característica explica buena parte de la admiración que siente por la Scaloneta. Pero lo que más lo marcó fue otra cosa. "Hay una sensación de libertad cuando Argentina juega un Mundial. La gente realmente celebra. Eso no se encuentra en muchos lugares", aseguró.
Messi también gana en Suecia
En medio del histórico debate entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, Isis asegura que la balanza se inclina claramente hacia el capitán argentino. "Siempre me dicen lo mismo: qué suerte tienen ustedes de tener a Messi", contó.
En escuelas, plazas y espacios públicos es habitual encontrar chicos usando camisetas argentinas con el número 10 en la espalda. Hay admiradores de Cristiano, claro. Pero Messi parece haberse ganado un lugar especial incluso a miles de kilómetros de Rosario.
Quizás por eso no resulta tan extraño que un sueco tenga tres camisetas argentinas guardadas en su placard. O que una tucumana descubra que, incluso en uno de los rincones más fríos de Europa, un Mundial también puede sentirse un poco como en casa. Porque las distancias cambian los horarios, los idiomas y las costumbres. Lo que no cambian son las ganas de reunirse frente a una pantalla para compartir una misma pasión.